martes, 18 de enero de 2011

Reflexiones acerca de las profanaciones en Arico, por Jose Gregorio

Nuestro colega José Gregorio González, periodista y experto en ciencias-frontera, nos expone en exclusiva para nuestro blog, su opinión sobre el saqueo de tumbas en Arico, muy coincidente por ahora con la mía. Si bien el tiempo, y la investigación policial demostrarán quien hizo un análisis más acertado a la realidad. Lo importante es que se coja a los desaprensivos y estos hechos no se vuelvan a producir.

Félix Ríos
Criminólogo
--------------------------------------------------
Reflexiones a cerca de las profanaciones en Arico.
Decía el alcalde de Arico días atrás, que estaba cansado del revuelo que se había creado con motivo de las profanaciones de sus cementerios, especialmente del que fue saqueado en la noche del 31 de diciembre al 1 de enero de 2011. Es una declaración curiosa, en especial cuando los mayores excesos los protagonizó el mismo sentenciando sin ningún tipo de duda que los autores eran satanistas, ya que desde su lógica aplastante, “¿quién si no haría una cosa así?” Eladio Morales, quizá llevado por la emoción y el nerviosismo del momento se manifestó de esta forma ante cuantos medios informativos le pusieron la alcachofa delante, pero después, cuando la cosa llamaba a la calma y la tesis satánica comenzaba a ser descartada, el buen hombre reculó, como decimos en el mi pueblo, y cambiando el discurso empezó con otro más bien victimista en el que decía que Arico no debía ser conocido por ese tema. Yo también creo que Arico tienes otros muchos méritos, empezando por su sabroso queso, también envuelto en polémicas en estas semanas, algunos vinos francamente buenos, y un patrimonio humano de paciencia y valor incalculable. Dicen, quienes hace y conocen la política del pueblo, que el énfasis por satanizar el asunto fue una estrategia que al alcalde le interesó potenciar para eludir lo que muchos consideran una irresponsabilidad suya, al no dotar del alumbrad adecuado al Camposanto. Batallitas al margen, los autores de la tropelía poco tienen que ver con la intrahistoria política ariquera (ariquense?) y es a ellos, y solo a ellos, a quienes hay que culpar de la salvajada que supone asaltar un cementerio, abrir sus tumbas y llevarse los restos.

Mientras redacto estas líneas un aviso de una cuenta de correos me indica que los primeros en dar la noticia –“la exclusiva” eran los compañeros del diario digital EL DIGITAL DE CANARIAS.NET, http://eldigitaldecanarias.net/noticia42791.php y no LA OPINIÓN DE TENERIFE http://www.laopinion.es/sucesos/2011/01/03/roban-siete-cadaveres-cementerio-arico/322537.html como una y otra vez han indicado en su periódico. Ignoro si eso tiene importancia, pero debe tenerla en cierto círculos o para ciertas personas si tenemos en cuenta que se rivaliza por dejar claro “quien fue el primero” La cuestión es que desde un primer momento se barajan las mismas hipótesis que casi siempre que sucede algo de esto: vandalismo, secta satánica o no, y fieles de cultos afrocaribeños.

Personalmente me decanto por la tercera vía como “núcleo inspirador” de los autores del delito. Los vándalos no actúan así, sus signos son tan evidentes que los cuerpos de seguridad han tenido que abandonar esa posibilidad desde un primer momento.
En cuanto a la “secta”, es otro asunto recurrente y plantea una doble cuestión. La primera, saber exactamente a qué llamamos secta, un término estigmatizante, peyorativo, que discrimina a otros modelos de creencias diferentes a los que mayoritariamente son abrazados por fe o por costumbre por quienes etiquetan de esa forma. En Canarias ha convenido abusar del término “secta” y generar titulares llamativos para desviar la atención sobre otras formas de delincuencia más duras, reales e incontrolables por parte de los Cuerpos de seguridad del Estado. Hace años la Brigada de Información Policial se empleó a fondo para recoger datos de todos los grupos “raros” que operaban en Canarias, pero de ahí a tener la condición de expertos o fiarnos de sus impresiones, va un trecho demasiado largo para quienes conocen las dinámicas de muchos de estos grupos “secta” En cualquier caso, con lo ocurrido en Arico, siendo un delito en el que además no se tiene en consideración el “factor emocional” que se ejerce especialmente sobre los familiares, podemos prescindir del respeto y la consideración hacia los autores, por mucho cuidado y exquisitez que haya tenido al realizar el asalto y robo. Pero no parecen que sean una “secta” de las que la policía y los investigadores conocemos. Queda como posibilidad que sea un grupo de nueva implantación, pero si es así, no podemos etiquetarlo porque sería su primer “golpe” conocido. El otra cuestión, la segunda de este doblete, es el de la etiqueta “satánica” Aquí caemos en el error de etiquetar como satanismo a unos pollos muertos, unas velas negras y unas cuantas pintadas de “666”, cruces invertidas y “anticristo”. Socialmente estamos viciados por el cine, y también la pandilla de adolescentes que hacen un uso imitativo y repetitivo de esos arquetipos asociados al satanismo. El satanismo es OTRA COSA muy diferente, y no tiene que ver con asaltos a cementerios, pintadas en las calles, cruces invertidas ni velas negras. Para explicarnos nos pueden servir de ejemplo las tribus urbanas que han adoptado los estereotipos del vampiro como modelo estético, e incluso como “filosofía de vida”. Pueden vestir a lo gótico, en plan drácula, modificarse los colmillos, beber sangre, reunirse en sótanos al caer la noche, desarrollar una cultura o clan underground más o menos sugerente y sensual…pero nada tienen que ver con los “vampiros reales”, los deformes y malolientes seres presentes en muchas mitologías cuya existencia estaba maldita, más cercanos a Nosferatus que a Tom Cruise en “Entrevista con un Vampiro” o los guapos y atléticos chicos de Crespúsculo. Pues con el satanismo real y la estética de los asaltadores de cementerios y gamberros callejeros pasa más o menos lo mismo.

Y es curioso que este mismo ejemplo me sirva para valorar la intervención de militantes, o tal vez solo simpatizantes, de los cultos afrocaribeños en el affair de Arico. En cultos como el Palo Santo se utilizan pequeños fragmentos de huesos humanos en la elaboración por ejemplo de “calderos”, cosa que también ocurre con la Macumba al menos en alguna variante brasileña, o en el vudú haitinano, donde junto a huesos de animales, plantas y el temido polvo del pez globo, también se incorporaba polvo de huesos. En el ámbito de la Santería no se usa, salvo en el citado Palo. La cuestión clave está en definir el todo por una parte, es decir, en culpabilizar unas creencias que tienen rango de religión en muchos países, por la acción de unos pocos, por muy imbuidos que puedan estar de estas creencias. Por lo general, los fieles de estos cultos son respetuosos y discretos con aquellos rituales o prácticas que pueden despertar susceptibilidades entre la población general, de manera que no suelen dejar restos de las mismas por ahí, y menos, asaltar cementerios como se ha hecho. Pongo otro ejemplo: es como si un sacristán roba piezas de su parroquia y las vende en el mercado negro a coleccionistas con devoción. El contexto es claramente religioso, pero es obvio que ni el sacristán ni el comprador representan a las creencias cristianas.

De esta manera, los ingredientes de lo ocurrido en Arico parecen pertenecer a la esferas de las creencias afrocaribeñas, y tiendo a reforzar mi hipótesis sobre la idea de que se trata de un encargo destinado a compradores en el mercado negro. En el informe del criminólogo Felix Ríos http://cronicadelcrimen.blogspot.com/2011/01/profanacion-de-tumbas-en-arico.html se proponen a varios autores, que actuaron de forma coordinada y cuidadosa: de no ser un trabajo profesional (descartamos el trabajo ritualístico directo), el engranaje habría sido muy diferente. A nuestro juicio alguien demandaba ese material y encargó su búsqueda, seguramente sugiriendo el lugar y el momento más adecuado, pagando por ello. Posteriormente, los pondría en circulación, aunque tal vez este paso se habrá demorado por el revuelo causado.

La única forma de llegar a los “responsables” es que algún autor material confiese –cosa difícil, ya que no debe haber remordimiento, al menos no muy grande, dado que fueron selectivos y respetuosos en conjunto- o que un cliente del cerebro de la operación delate a éste, aunque difícilmente podrá aportar pruebas y, en todo caso, se pondría en evidencia dentro de su comunidad. Veremos por donde se destapa el asunto. De momento, esta larga reflexión termina aquí.

José Gregorio González
Periodista y presentador de Crónicas de San Borondón,
RTVC

No hay comentarios:

Publicar un comentario