lunes, 28 de diciembre de 2015

El asesinato de Raimundo Toledo. Análisis provisional de un crimen.

Analizando las hipótesis de partida del posible homicidio del empresario sureño, ocurrido el pasado martes 15.

Cuando tiene lugar un asesinato en Canarias, algo poco frecuente, aunque a veces se perciba lo contrario, rápidamente la prensa quiere contar con una historia completa que relatar a sus lectores. Esto en muchas ocasiones, termina en consultas a expertos en criminología o psicología criminal, que, con pocos datos, poco podemos establecer.

El crimen de Raimundo Toledo, no ha sido una excepción, ya no sólo por lo conocido del empresario granadillero, sino por las especiales circunstancias de su supuesto secuestro en la calle 25 de julio de la capital santacrucera, asesinato en lugar por determinar y aparición de su cuerpo en el maletero de su coche en llamas en San Miguel.

Sin embargo, si puedo relatar en este artículo cómo es el proceso a seguir para analizar y perfilar un caso tan particular como el de Raimundo, y lanzar de manera provisional alguna hipótesis que a medida que avance la investigación y la información, podrán reformularse o afianzarse.

En primer lugar, debemos de analizar a la víctima, en todos sus aspectos: familia, trabajo, pareja, economía, salud, enfermedades, etc, cuestión obvia en la que tanto la Policía Nacional como Guardia Civil han profundizado de seguro. Esta información se obtiene a través de numerosas entrevistas a conocidos, amigos, compañeros de negocios, familiares, estudios financieros, médicos, etc. Este proceso nos permite hacer lo que se denomina una “autopsia psicológica”, es decir, determinar cómo era en este caso Raimundo, y lo más importante, cuál era su “vulnerabilidad criminal”.  Con éste término, nos referimos simplemente a pensar en para qué tipo de delitos puede ser más propensa una víctima. En este sentido, y entendiendo que era un empresario de éxito, con una amplia familia, hemos de pensar como principal posibilidad, aunque no la única, en un posible crimen con connotaciones económicas donde la relación familiar puede haber sido importante (desacuerdos por herencias, amigos de amigos que conocían su solvencia y tal vez excesiva confianza, etc). Esto obviamente nos puede ayudar a establecer un posible móvil del crimen provisional, pero que puede cambiar a medida que avanza la investigación.


En segundo lugar, tenemos que tener en cuenta las circunstancias del crimen, en cuanto a un posible rapto cerca de donde vivía, lo cual nos indica una confianza y conocimiento de sus rutinas por parte del/los responsables. Tiene que ser alguien que conozca de las mismas, alguien cercano y a demás atrevido, ya que no escoge un lugar sin testigos o menos transitado que el lugar donde fue raptado en una céntrica zona de Santa Cruz. Los responsables, se sienten seguros y actúan con confianza. Es posible que pensaran que la víctima no iba a ofrecer resistencia.

En tercer lugar, tendríamos un escenario donde aparece el cuerpo de la víctima en el maletero de un coche en llamas. ¿Realmente un asesino puede llegar a creer que un cuerpo en un maletero o simplemente en un coche en llamas puede ayudar a simular una muerte accidental? No parece esa la respuesta lógica. Más bien parece tratarse de la intención de borrar huellas o indicios que pudieran inculpar al autor, no la causa de la muerte. Por otro lado, la distancia entre el lugar del secuestro y el hallazgo del cuerpo,  unos setenta kilómetros (sobre una hora en coche), nos hablan de la necesidad de un traslado a alguna zona donde tuvo lugar el crimen o el intento de ajuste de cuentas, robo, extorsión, etc.

Tan importante como el escenario físico de un crimen, es el escenario temporal. En este caso, la hora del secuestro, a plena luz del día, y la del hallazgo del vehículo en llamas, las diez y media de la noche, nos hablan por un lado de exceso de confianza, y por otro de subterfugio. Es probable que el cuerpo permaneciera escondido varias horas hasta que la noche permitió su traslado hasta el Mirador de La Centinela, con más confianza y seguridad de no ser descubiertos.

Una de las teorías que han circulado es la posibilidad de un secuestro exprés, pero si analizamos todo en su conjunto, veremos que en ese caso los responsables ya tendrían preparado un plan de escape de la isla, y lo hubiesen llevado a cabo tanto con el éxito del crimen como con su fracaso, entendiendo que el fracaso sería no conseguir que la víctima abriera una caja fuerte, les diera efectivo, etc. Por tanto, parece más la reacción de alguien que ha tenido que improvisar sobre la marcha y que no tiene manera de huir de la isla sin ser detectado. Una persona o personas a las que la situación les ha desbordado e improvisan soluciones a problemas, según se les presentan.

En síntesis, nos encontraríamos probablemente con dos hombres con experiencia y confianza en el enfrentamiento físico y la amenaza, con algún contacto familiar o muy cercano a la víctima, que sirvió de gancho y/o informador, en un crimen ocasionado por una situación que se sale del plan establecido inicialmente, y donde el móvil económico y posiblemente personal, hizo obrar a los autores con un exceso de celo y confianza, que por alguna extraña circunstancia se vio truncado, obligándolos a mal-improvisar en lo que en criminología llamamos la situación post-delictual.
Lo que parece claro es que la rápida y eficiente actuación policial tras el hallazgo del cuerpo, han dado lugar a detenciones importantes, que, con el tiempo, veremos si se materializan, ojalá que sí, en el procesamiento judicial sólido de los responsables, y posteriormente, con una sentencia inculpatoria que demuestre todo lo sucedido a Raimundo en el fatídico 15 de diciembre.



Félix MacGrier
Criminólogo

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